¿Quién es el fuego? – Roly Arias

La pregunta inicial resume la búsqueda. “Soy solo” es casi una circularidad del lenguaje ya que el fuego no puede mas que ser una experiencia  solitaria. Perspectiva  desde donde observa lo que arde y se ilumina, se expande y se consume como atravesado por los acontecimientos, como un canal abierto por donde se vierten los relatos. El silencio  es otra manera de comunicarse o no comunicarse, si fuera posible. La terca palabra silenciada a cada paso nos entumece y nos aploma, no hablar no significa  no comunicarse, el cuerpo habla en vez de la voz cuando se enfrasca mascullando lo que no pudo decir.

 

Los dibujos de Arias son siempre literatura y lenguaje, las circunstancias se relatan y la búsqueda del fuego se refleja en instantáneas que desde los oscuros perfiles de sus personajes se gritan, se susurran, se atropellan y se aíslan. Hay una narrativa en la obra de Arias que permanece a través de los diversos contextos donde sitúa a sus sujetos. Esta vez la búsqueda del fuego se embarca en soledad y el silencio es el punto de equilibrio desde donde se sostiene el juego de retratos que enmarcan las múltiples narraciones de “Soy solo”.

 

La serie ¿Quién es el fuego? de Roly Arias es un nuevo relato que lo atraviesa y se va narrando a sí mismo. Dibujando, pintando, develando la historia que se escapa naturalmente y como puede se abre paso sobre el papel o la tela. El fuego se cuenta desde los encuentros y desencuentros; palabras, gritos, voces y silencios desatados en el plano casi a coro. Los trazos gruesos del negro sobre el negro. El color es aquí la chispa que recuerda que solo desde el conocimiento de la oscuridad es imposible la ceguera.

 

Hay algo gregario en la pintura de estos perfiles oscuros que se instalan sólidos y sórdidos, las múltiples pinceladas forman paralelas que refuerzan el cauce del lenguaje, del tiempo sobre el tiempo. El encuentro y el silencio, el dolor, el desentendimiento y el placer de percibir al otro en sintonía con nuestros gestos.

 

La repetición de un silencio donde todo se acomoda plácidamente en el lugar del papel que le pertenece. Si hay algo permanente es el cambio y Arias lo sabe, nos lo cuenta.

 

“Soy solo” funciona casi en paralelo con “Quien es el fuego” a pesar de sus evidentes diferencias estéticas. La presencia ineludible de los sujetos  se atenúa en  esos rostros que funcionan como marco para las diversas situaciones que se desarrollan dentro de sus bocas, sus comisuras, sus pestañas. Todo puede funcionar como contexto para el lenguaje y sus posibilidades. Todo queda finalmente gravado en nuestros rostros ciegos, sordos, mudos; amantes, risueños, iluminados.

 

Marcela López Sastre

 

 

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