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lo que no sabia

Experiencias a/r/tográficas

Prácticas artísticas: políticas, poéticas, domésticas

Lo que no sabía de la maternidad     

Autorretrato con Valentín. Salta, 2001.         

Hoy el encierro pareciera natural, entonces yo tenía 24 años y estaba experimentando la maternidad; recuerdo perfectamente mi sensación ese día. Deje de hacer todo lo que venía haciendo porque trabajada en un espacio artístico de autogestión no rentado y publicaba una revista de arte, tampoco rentable. Amaba lo que hacía pero la maternidad implicaba pagarle a alguien para poder seguir haciéndolo y no estaba en mis posibilidades. Contaba las horas dedicadas a cada aprendizaje básico: amamantar, comer, ir al baño, dormir, lavarse los dientes, bañarse, caminar, hablar…todo ese tiempo se lo iba descontando a mi profesión, a mis estudios, al placer que ya era algo impronunciable. Y la culpa de no disfrutar todo aquello como decían que lo tenía que disfrutar porque “la mujer se realizaba a partir de la maternidad” pero yo me alejaba de mi misma, del centro gravitacional de mi existencia. Y lo doméstico era el único territorio posible; contaba las horas, los días, los meses que me iban alejando de esa persona que leía, iba al cine y hacia cosas fuera de casa. Era mi culpa porque había elegido el arte y no era rentable, porque había sido madre sin poder sostenerlo, porque estaba  tratando de ser lo que no era. El viaje de allí en más fue sinuoso y empinado. La autonomía como mujer en un mundo que solo devolvía culpa y confusión, la separación inevitable de mi pareja para quien  no ser la madre ideal era algo letal: ¿también era mi culpa porque había elegido al padre equivocado?

Nada nuevo ni ajeno a  tantas que venimos (a tientas) abriendo este sendero lentamente, a costa de mucha violencia y sororidad.    

Autorretrato con mi mamá y mi papá.

A partir de la practica a/r/tográficas parto de mi propia experiencia para pensar la práctica artística como un ejercicio cotidiano de construcción de identidad que se desarrolla como parte de nuestros procesos de producción, investigación y aprendizaje.

Revisar mi práctica curatorial desde algunos proyectos de género ha sido el primer paso para hacer evidente cuanto del campo está conformado por nuestra prioridad a proyectos que amplíen la mirada hetero patriarcal representativa de los circuitos de legitimación como Museos, Ferias y Bienales al menos hasta hace algunos años que hemos comenzado a cuestionarlo. Investigando, haciendo estadística de la representatividad de las mujeres y la comunidad LGTBIQ; exigiendo una apertura de los límites hasta ahora aceptados.

Trabajar con obras que recorren la construcción de la identidad me exige analizar mi propia identidad. Empecé como artista a trabajar en espacios de autogestión y proyectos de arte autónomos. La misma práctica en espacios autónomos me llevo a armar muestras, editar catálogos, escribir textos, colgar muestras, organizar fiestas para juntar dinero, etc. Sin saber que esto era la práctica artística y menos curatorial. El aprendizaje en el territorio permite errores y aciertos que solo comprendemos con los años. Este perfil diverso que en los inicios se da de manera intuitiva y poco profesional en la práctica institucional se profesionaliza y especializa. En la institución, en mi caso un Museo de Arte Contemporáneo la practica curatorial se volvió un ejercicio en equipo, donde había ahora áreas especializadas que hacían cada una de las cosas que antes hacía con colegas un poco entre todos todo. Esta especialización me fue alejando del lugar de artista, la práctica institucional tiene un ritmo de trabajo que de alguna manera no permite sincronizar con la práctica artística de manera empática.  El curador ocupa un lugar diferente, de observador e interlocutor del artista. Hay cierta contaminación conceptual en el devenir de una obra a otra con ritmos  veloces que van formateando un poco los discursos y estandarizando los relatos. Durante ocho años fui curadora de un Museo que cambiaba de muestras mensualmente y dejé de producir e investigar. Volver a mi práctica artística todavía no ha sucedido pero si he vuelto a investigar y estudiar.

Estoy trabajado el concepto de prácticas artísticas situadas en mi proyecto de tesis doctoral, las relaciono a lo performático, los dispositivos artísticos y los espacios de formación no tradicional como las residencias de artistas. Son lenguajes que se alejan del estereotipo de obra objetual que responde a las exigencias de cierta carrera artística en relación al mercado del arte y las instituciones de legitimación: Museos, Ferias, Bienales, Galerías, etc.

Las prácticas situadas proponen otro tipo de búsqueda en relación al arte, otro tipo de experiencias artística que se relaciona con lo política, lo doméstico y lo poético desde una visión artística superadora del objeto.

He optado por investigar proyectos de mujeres, que por sus características están fuera de los circuitos de legitimación o militan dentro de ellos la identidad de género. El interés por estos proyectos de mujeres radica en falta de historiografía local de casos puntuales como son los proyectos independientes y de autogestión por un lado. Por otra parte, surge por la percepción de  que las investigaciones y muestras de mujeres que han sido más relevantes en los últimos años de alguna manera replican cierto sistema central de legitimación patriarcal, dando más visibilidad a aquellas artistas que ya han logrado cierto “éxito” dentro de este circuito de legitimación y han ingresado al mercado incluso con obras no objetuales. La decisión de centrarme en mujeres se debe a una cuestión estadística, son casi inexistentes las investigaciones sobre mujeres artistas que llevan proyectos de autogestión por fuera de los circuitos de legitimación. El relevamiento de sus archivos y la historiografía de sus proyectos ya me parecen suficiente, pero la constelación entre sus conceptos y perspectivas seguramente supera mis expectativas. Asimismo me parece de algún modo “obligatorio” el interés por otras mujeres que vienen abriendo campo como pueden, generando prácticas que cruzan lo artístico y lo curatorial de manera natural. He de admitir que me siento identificada con ellas y para empezar a investigarlas debo empezar por analizarme a mí misma desde la perspectiva a/r/tográfica. Revisando mis propios archivos.

1998/2008. La práctica desde la fotografía.

La fotografía me acompañó siempre como documento, registro, mapa afectivo y vincular. Pienso el lenguaje de la fotografía como herramienta que atraviesa mi práctica, desde los diversos lugares posibles: registro de muestras y documentos para proyectos como curadora, obra como artista y memoria como persona. Voy rastreando en ellas las preguntas que de alguna manera hoy me son obvias. Pero esa obviedad es producto de millones de registros de aquellos cuerpos, repeticiones de gestos congelados. El tiempo de la fotografía es el pasado, el archivo. La memoria.  La primera fotografía que vemos abajo es de una muestra -acción que duró  una noche en un bar del Mercado Sur en Córdoba en Agosto del año 1999. Evaporándonos es una serie de autorretratos que me tome con mi pareja de entonces, con velocidad bulbo y película analógica. Sobre un rectángulo rojo y una luz cenital nuestros cuerpos se confunden y se funden, ya está allí la pregunta: ¿Cuál es el límite? Donde empieza el cuerpo de uno y del otro, donde se establece ese lugar. Repetimos la imagen en vivo la noche de la muestra en un bar prestado del mercado para quien quisiera hacer fotos. Había una invitación a ponerse en ese lugar y de registro de acción. Archivo, memoria, registro. Sé que en ese momento la acción fue apasionada porque yo estaba descubriendo mi cuerpo junto a un otro.


Autorretrato con el papá de Valentín. Córdoba, 1999.                               

Martes 13: “Lo único cierto era el peso en la boca del estómago, la sospecha física de que algo no andaba bien, de que casi nunca había andado bien…” Autorretrato. Salta, 2001.

 Encontré este collage revisando un libro intervenido de mi imaginario adolescente: “Rayuela” de Julio Cortázar, quien propone literariamente que la construcción de la historia puede leerse de diversas maneras a partir de un mismo relato. A partir de la práctica a/r/torgráfica me anime a revisar mis fotografías, que entiendo como mi práctica artística  y encontré en este collage una fotografía donde me pienso a mí a través de mis archivos personales. Certificando que desde la serie inicial a las últimas todo el tiempo mis imágenes bucean entorno a la construcción de la identidad. Pensando los límites del otro y el mío, la maternidad es un lugar central desde donde pienso. Es la piedra angular, soy madre de dos hijos varones de dos padres de quienes me separé. Es mi punto de conflicto en la cuestión de género, lucho contra mi propio machismo.

Las imágenes me van llevando. Primero fueron estos autorretratos luego continúe con una serie de retratos de mi hijo, su hermana, mis hermanos, mis amigas y sus maternidades siempre buceando en la misma dirección. El interés por las repeticiones que hacen a la  construcción de la identidad de género me atraviesa desde la práctica fotográfica y curatorial desde hace al menos 25 años.  Registro fotográficamente  gestos y detalles que van creando un canon de belleza, género y sexualidad.  La fotografía es mi memoria, es una manera de vincularme con el entorno, ya viéndolo como repertorio. No puedo decir que aquello es una obra en el sentido objetual del término, no sé dónde empieza y donde termina el relato, veo como los autorretratos y los retratos dialogan de diversas maneras. Como archivo y registro de aquello que está siendo, que se construye y me increpa respecto a mi canon de belleza, al punto de vista de mis imágenes, al tipo de poses y vestimentas

¿Y qué marcas hay en mis imágenes? ¿Qué cuerpos? ¿Qué tipo de belleza?  ¿De qué manera podemos abordar la construcción de esta identidad y sobre estereotipos se cimienta? ¿Es necesario abordar las prácticas artísticas a partir de una perspectiva de género? ¿De qué tipo de obras hablamos cuando pensamos en prácticas artísticas? ¿Qué tipo de arte nos proponen las prácticas frente al arte objetual y su universo? 

¿Qué pasa con el arte fuera del mundo del arte?

Entendamos por mundo del arte a las galerías, ferias, bienales, museos, al mercado del arte, etc. Cuando decimos que las estadísticas evidencian que históricamente el mundo del arte ha estado mayoritariamente ocupado por hombres no estamos diciendo que las mujeres y las comunidades trans, gay, etc. no generan propuestas artísticas.  Estamos diciendo que sus propuestas van por otro lado, circulan por otros espacios que no son los legitimados o legitimantes.

 ¿Qué vendrían a ser estos registros  sin expectativa de entrar al mundo del arte?

 ¿En qué lugar podemos ubicar lo doméstico, lo político y lo artístico respecto al mundo del arte?

 ¿Que representa para estas prácticas un objeto artístico?

¿Cómo se vincula el mundo del arte con el arte concepto y del arte relacional?

¿Cómo funciona el arte a escala real o comunitaria?

La relación de estas prácticas con el territorio son disimiles, pero claramente son proyectos situados que eligen su contexto para existir y son más reales para su entorno que el mercado del arte global.

El arte es la práctica del pensamiento que interrumpe los flujos cotidianos de la sensibilidad. Esto permite pensar que el arte no es un objeto sino un modo de interrumpir, desviar, detener, suspender, los modos habituales que pueden o no objetivarse en una obra museística y que no responde a los cánones de belleza ni a los estereotipos de mercado. (Ulm-Muller, 2018)

La práctica a/r/tográfica me devolvió a mis fotografias, dándome la libertad de ser parte del proceso de investigación; involucrándome en el mismo y asumiendo que como investigadora en el campo del arte finalmente siempre estamos aprendiendo del proceso en el que nos adentramos como parte constitutiva del mismo. Tras muchos años produciendo exhibiciones (hace 15 años trabajo como curadora institucional e independiente)  volví a mis archivos, a revisar mi propia identidad.  Parte de la práctica curatorial implica hacer una revisión y  desde mi producción me interesa hacerla desde una perspectiva de género. Ampliar la perspectiva de un modelo de instituciones patriarcales sólo será posible llevando a cabo proyectos inclusivos. Esta revisión de la práctica comienza con nuestra propia producción y es allí donde la práctica a/r/tográfica funciona como herramienta fundamental ya que actualiza los paradigmas de producción, investigación y pedagogía transversalmente como la teoría de género precisa: transversal y posdisciplinarmente.

Las prácticas no se pueden estudiar dentro de formaciones disciplinarias estáticas o a partir de  conceptos estancos y diferenciados que responden a otro tipo de organizaciones, las prácticas artísticas no siguen un modelo profesionalizado e institucional, se mueven fuera de los circuitos institucionales y generan sus propios códigos.  Campos posdisciplinarios como los estudios culturales y de performance, así como las practicas a/r/tográficas  surgen de ese momento en el que se hace necesario relacionar lo político con lo artístico y con lo pedagógico de manera transversal.

 El campo de los estudios de performance cuestionó la academia a fines de los sesenta, buscando trascender las separaciones disciplinarias entre antropología, teatro, lingüística, sociología y artes visuales. Enfocándose en el estudio del comportamiento humano, prácticas corporales, actos, rituales, juegos y enunciaciones. Posdisciplinario fue el término propuesto dentro de estos estudios porque el campo surgió claramente de disciplinas pre-establecidas. En lugar de combinar elementos de dos o más campos intelectuales (definición de lo inter o multidisciplinario), el campo de los estudios del performance trasciende fronteras disciplinarias para estudiar fenómenos más complejos con lentes metodológicos más flexibles que provienen de las artes, humanidades y ciencias sociales. Los objetos de análisis incluyen textos, documentos, estadísticas: archivo y también actos en vivo: repertorio. La memoria de archivo se registra en documentos, textos literarios, cartas, restos arqueológicos, huesos, videos, disquetes, etc. (Diana Taylor- Marcela Fuentes Editoras, 2011, pág. 13)

“Tal como el archivo excede a lo ‘vivo’ (ya que perdura), el repertorio excede al archivo. El performance ‘en vivo’, no puede ser capturado, o transmitido a través del archivo. Un video de un performance no es la performance, aunque generalmente viene a reemplazarlo como objeto de análisis (el video es parte del archivo; lo que se representa en el video es parte del repertorio). Pero eso no quiere decir que el performance, como comportamiento ritualizado, formalizado, o reiterativo, desaparezca. Los performances también se reduplican a través de sus propias estructuras y códigos. Esto significa que el repertorio, como el archivo, es mediatizado. El proceso de selección, memorización o internalización y transmisión ocurre dentro de sistemas específicos de representación a los que a su vez ayuda a constituir. Muchas formas de actos corporales están siempre presentes y en un constante estado de reactualización. Estos actos se reconstituyen a sí mismos, transmitiendo memoria comunal, historias y valores de un grupo o generación al siguiente. Los actos encarnados y sus representaciones generan, registran y transmiten conocimiento”.(Diana Taylor- Marcela Fuentes Editoras, 2011)

Por su capacidad de persistencia en el tiempo el archivo supera al comportamiento en vivo. Tiene más poder de extensión; no requiere de la contemporaneidad ni co espacialidad entre quien lo crea y quien lo recibe. El repertorio, por otro lado, consiste en la memoria corporal que circula a través de performances, gestos, narración oral, movimiento, danza, canto; además requiere presencia: la gente participa en la producción y reproducción del conocimiento al “estar allí” y formar parte de esa transmisión. La memoria corporal, siempre en vivo, no puede reproducirse en el archivo. (Diana Taylor- Marcela Fuentes Editoras, 2011)

La construcción de género transcurre por estos repertorios que hacen a la repetición de lo que se vuelve cotidiano, la naturalización de ciertas acciones ordinarias. La a/r/tografía permite desde la perspectiva artística analizar estas normas ejercidas por la costumbre; el arte es el mejor lugar para mirar como lo naturalizado no tiene nada de natural.

Archivos y repertorios

“Be my model” Fue una serie de retratos que realice a mis amigas más próximas, jugando con el modelo de mujer que estábamos siguiendo como colectivo de mujeres hetero cis. El cuerpo es una construcción social, la mirada del otro nos sirve para reconocernos; juego virtual entre la individualidad y lo social. Un lugar donde los espejos se resquebrajan; se reproducen y visualizan devolviéndonos una imagen corporal, que se desea ver. Y en ocasiones se prefiere negar. Como me veo y como ven; son juegos perversos y desiguales. La representación de mi propio cuerpo me esclaviza; me transformo en una imagen que me amenaza, delata y juzga. ¿Y si el cuerpo, no forma parte de esa mirada inclusiva y de aceptación por parte de la sociedad? Entonces ¿no existe? ¿ese cuerpo, sería un no – cuerpo? La negación de tu identidad, tu corporalidad y tu existencia. O como dice Butler, la posibilidad en esta dicotomía de crear un modelo identitario. La deconstrucción de un modelo identitario que se vive como impuesto claramente nos devela un canon de belleza, un ideal imposible fomentado por la misma industria que nos incita a un consumo desmedido, un sistema desenfrenado que jamás se agota y jamás se alcanza. Mediante la estilizada repetición de actos performativos se corporizan determinadas posibilidades histórico-culturales y sólo así se generan el cuerpo, en tanto que marcado histórica y culturalmente, como la identidad.


Fer. Barcelona, 2002.

Fer. Barcelona, 2002.

Cande. Buenos Aires, 2001.

Reni. Córdoba, 2005.

Reni. Córdoba, 2005.

Reni. Córdoba, 2005.

Reni. Córdoba, 2005.

Glo. Barcelona, 2002.

Glo. Barcelona, 2002.

Loló. Córdoba, 2005.

Mora. Córdoba, 2005.

La corporalidad de la acción prevalece sobre la signicidad. Es decir, que la corporalidad no surge de los significados que se le asignan a cada acción. Es, al contrario, anterior a todo intento de interpretación que pretenda ir más allá del auto referencialidad de la acción. El efecto físico motivado por las acciones parece prevalecer. La materialidad del acontecimiento no llega a adquirir el estatus de signo, sino que produce un efecto propio de su estatus sígnico. Y puede que precisamente ese sea el que ponga en marcha el proceso de reflexión. Una reflexión que probablemente se dirija menos a los significados atribuibles a cada acción que a la pregunta de por qué una acción determinada ha desencadenado una determinada reacción. Reviendo las relaciones entre las categorías de sentir, pensar y actuar.

Matriarcado siguió a los retratos individuales de estas mujeres que fueron mis interlocutoras.

autoretrato Córdoba, 2000

Reni. Córdoba, 2007

Reni. Córdoba, 2007

Nica, Córdoba, 2007

Nica, Córdoba, 2007

“Todo lo que no sabía de la maternidad” lo aprendí en la practica junto a mis pares, mujeres que iban desdibujando límites entre lo aprendido y lo reproducible. Las generaciones anteriores quizás no contemplaron la pérdida espacio-tiempo individual. No significa que no hayan invertido todo su tiempo en el terreno de lo domestico y la crianza. Solo que es un trabajo invisibilizado, dado por hecho,  no pago, naturalizado como servicio ad honorem cedido a la institución familiar: base de la moral y  las costumbres. Mis pares fueron develando nuevas formas de llevar la maternidad sin perder la subjetividad ni la individualidad, proceso de arduas confusiones ya que venimos educados por otros paradigmas y nos atraviesan las culpas, las ambigüedades, las pocas certezas respecto a  lo que estamos haciendo con nuevos modelos que se construyen en la marcha.

Generación 00 se llamó la serie, que continua en proceso. Serie de retratos de mi hijo, mis hermanos y mi hijastra. Todos nacidos en el año 2000. Esta generación nos supera con un nuevo paradigma en su propia construcción de la identidad de género. 

La práctica artística se relaciona a lo performativo y es allí donde Judith Butler nos abre el campo para comprender  que toda identidad se construye por la repetición de lo performativo en lo cotidiano. No existe una identidad biológica ni ontológica, somos una construcción performativa de actos repetitivos que adquirimos del contexto socio, político, cultural donde crecemos. El concepto de práctica profundiza este tipo de lecturas sobre la realidad que no admite las polaridades de los discursos dominantes sino que busca comprender que lo queer son las fronteras de estas polaridades; constitutivas de las mismas y que solo asumiéndolas como la posibilidad desde donde abordar el territorio podremos encontrar nuevas formas que no sigan modelos pre-formativos, formativos, definitorios sino que permitan la exploración como un proceso de aprendizaje.


Renata. Salta, 2005.

Ofelia Salta. 2007

Ofelia Córdoba. 2004

Judith Butler introduce en la filosofía de la cultura el concepto de performativo. Demostrando que la identidad de género no es previa en tanto que identidad, ya que no viene determinada ontológica ni biológicamente, sino que se entiende como el resultado de determinados esfuerzos culturales de constitución: Butler aplica aquí el concepto de performativo a las acciones corporales. Los actos performativos, en tanto que corporales, hay que entenderlos como ‘no referenciales’ en la medida en que no se refieren a algo dado de antemano, a algo interno ni a una sustancia o a un ser a los que esos actos tengan que servir de expresión, pues no hay identidad estable o fija de la que pudieran serlo. La expresividad se presenta en este sentido como diametralmente opuesta a la performatividad. Lo actos corporales denominados aquí performativos no expresan una identidad preconcebida, sino que más bien generan identidad, y ese es su significado más importante. El cuerpo en sí, nos dice Judith Butler, no existe aparte de su enunciación, es producto de sistemas discursivos y performativos. Las performances surgen en la vida cotidiana, iluminando sistemas sociales normativos como la construcción binaria de género sexual que históricamente se ha aceptado como natural o transparente. Así como los diversos sistemas hegemónicos de belleza que han sido impuestos en cada época como canon. El cuerpo del artista en performance nos hace re-pensar el cuerpo y el género sexual como construcción social. (Fischer, 2011)

cuerpos al sol

Las prácticas de performance rozan la práctica artística, política y ritual. El cuerpo, como materia prima del arte del performance, no es un espacio neutro o transparente; el cuerpo humano se vive de forma intensamente personal (mi cuerpo), producto y copartícipe de fuerzas sociales que lo hacen visible (o invisible) a través de nociones de género, sexualidad, raza, clase, y pertenencia (en términos de ciudadanía, por ejemplo, o estado civil o migratorio), entre otros.

Butler compara la construcción de la identidad a través de la corporización con la escenificación de un texto dado de antemano. Pues de igual manera un mismo texto se puede poner en escena de formas distintas por parte de los actores, dentro de las pautas del mismo, estos son libres de delinear e interpretar su papel de un modo nuevo y distinto, un cuerpo que posee un género específico actúa dentro de los márgenes de un espacio corporal limitado por ciertas normas y propone sus propias interpretaciones dentro de los límites de las instrucciones de la dirección de escena. Así pues, la realización de la identidad de género, o de cualquier otra, como proceso de corporizacion se lleva a cabo de forma análoga a la de una realización escénica teatral. En este sentido, las condiciones para la corporización pueden ser descritas y definidas de modo más exacto como condiciones de realización escénica. Butler se centra fundamentalmente en acciones cotidianas. Al explicar las condiciones de corporización como condiciones de realización escénica, la realización de los actos performativos como una realización escénica ritualizada y pública. Existe sin duda una estrecha y evidente relación entre performatividad y realización escénica. La realización escénica es la esencia de lo performativo: el cuerpo, en su particular materialidad, es el resultado de una repetición de determinados gestos y movimientos. Así pues, la identidad -como realidad corporal y social- se constituye siempre a través de actos performativos. ‘Performativo’ significa en este sentido, sin duda, constitutivo de realidad y autorreferencial. Butler se pregunta por las condiciones fenoménicas de la corporización. (Fischer, 2011

Para Butler el proceso de generación performativa de la identidad es un proceso de corporización (embodiment). En el concepto de performativo propuesto por Butler se percibe claramente su potencial para acabar de raíz con las dicotomías. En los actos performativos y con los actos performativos, se constituye el género y la identidad en general. La comunidad ejerce violencia corporal sobre el individuo. Pero al mismo tiempo estos actos brindan la posibilidad de que en ellos, y con ellos, cada individuo se cree a sí mismo como tal y los actos perfromativos desde la ruptura buscan esa construcción individual fuera de lo social. (Fischer, 2011)

La fotografía de les niñes muestra cómo se van construyendo los vestuarios, las poses, es un claro qué registro que busca ese lugar donde se define el género.

Las prácticas artísticas  se acercan a los conceptos de acción y performances que generan los archivos y repertorios de lo que podemos denominar la “estética del acontecimiento” que actualiza el horizonte de la obra superando su status material. Estas prácticas que muchas veces no se realizan en pos de una carrera artística profesional delimitada y surgen en paralelo o en relación a otras prácticas como la militancia, la docencia, la maternidad, etc. se desarrollan por fuera de las instituciones culturales legitimadas. Encontramos en ellas una manera de relacionar la construcción de la identidad de género por fuera de los modos tradicionales del arte: sus museos, su relato histórico, su circuito legimitante donde han sido sistemáticamente excluidas e invisibilizadas las mujeres. El arte de acción o performance, que podemos relacionar con las prácticas artísticas de género y las a/r/tográficas  son anti institucionales en sí mismas; escapan a las instituciones normativas y la objetualidad ya que buscan poner en duda los límites establecidos por la legitimación de un orden prefigurado e institucionalizado. Aquí la fotografía me lleva a mi propia práctica de producción y me enfrenta a mis propios clichés, mis reflejos de un tipo de belleza que cae con el peso de una piedra sobre la construcción de un imaginario repleto de estereotipos.

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