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Lindes para el viento- Soledad Sánchez Goldar- Lucas Di Pascuale

Hace casi dos años invitamos a Lucas y Soledad a trabajar una muestra para ROJO.  La idea de  una obra “de a dos” partía  de ciertas afinidades que ambos han  ido haciendo  evidentes, respondiendo a cierta  autoría que reconoce referencias, vínculos y diálogos como parte elemental de la obra. Pensándola no desde su materialidad sino desde su capacidad de acción y reflexión, abordando  lenguajes que tienen que ver con el tiempo como variable que atraviesa transversalmente nuestra lectura de lo real.

 

El proceso fue lento pero no asustaba el tiempo de dilación, los puntos suspensivos, ni los silencios; esta lentitud fue haciendo algo exquisito. Una edición de pensamientos  puestos  en escena.

 

Horizontal, hacer de a dos, son verbos que Lucas y Soledad vienen ejerciendo como  política personal  frente a la verticalidad del atropello, del pasar por alto, del olvido.

 lindes

La horizontalidad se abre al otro. Es  aquí y ahora. Hay que leer, detenerse. Participar.

 

 ¿Será  posible?

 

La historia y la política como experiencia, como espacio  personal; sin  juicios, adhesiones  o estadísticas. Compartir. Compartimos contexto histórico y  experimentamos cierta percepción del tiempo. Ejercicio legítimo del diá-logo, de a dos. Tautológicamente. Certeza de que el arte se atraviesa desde el pensamiento, la política y la subjetividad de la poesía.

 

Si hay poética contemporánea es a través del  lenguaje donde ya no se distinguen el bordado del lápiz,  la línea del cuerpo,  la literatura de la imagen. Abordar el mundo desde allí  nos acerca a la configuración de nuestro pensamiento contemporáneo. La acción del gesto y la palabra  hacen memoria.

 

Rescato profundamente esta puesta a disposición del otro. El simple gesto horizontal del relato  es toda una posición política frente al mundo y su verticalidad. Un gesto inútil y absurdo quizás frente a la masividad del ruido, una palabra resistiendo el tiempo y la intemperie como quien recuerda de repente  que tener voz propia es maravilloso.

 

Susurrando se hablan y se entienden. No hacía falta gritar tanto para pesar una palabra como “exilio”, no hacía falta ejercer el poder sobre el otro para tomar el verdadero peso del olvido.

 

Esta instalación  comenzó con  un cuaderno  que fue pasando de uno al otro; trazando coincidencias, huellas y sutilezas antes de volverse corpórea. Una acción llevo a la otra  y cada gesto a  la belleza doméstica donde reside el sentido del tiempo.

 

Marcela López Sastre