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“elogio de la obsolescencia” – Daniel García

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Selección de obras del artista Daniel García (1991-2011)

La producción de un artista, como lo evidencia Daniel García en esta selección de obras de los últimos veinte años, funciona como las napas terráqueas: tienen su propio tiempo y se van acomodando, movilizando.   Surgen a veces las más profundas a la superficie, los olvidos se imponen a la fuerza resurgiendo entre papeles que fueron  intentos de ilustración para algún libro o mera necesidad de escapar de “la pintura”  o del proceso de su forma de pintar: “Hay un desgaste y adelgazamiento de la pintura. La “piel” aparece como afectada por un síntoma. En algunas partes, está incluso rasgada, parcialmente desollada, ejecutadas con un estratificador proceso alternado de pintura y borraduras”.

 

Los formatos del arte también están  curiosamente estratificados: la pintura entendida como “Obra” con mayúsculas se alza sobre  otros medios como el dibujo, el grabado  o la ilustración que históricamente han sido un paso de tránsito  hacia  “ella”.  Pero la movilización  de las napas funciona para la obra y por consecuencia para la historia. Esta lectura de las “obras mayores” tiene sus versiones: García en su abordaje lúdico del mundo rescata  los desechos ocultos con los que juega construyendo “una cierta atmósfera de obsolescencia, un cierto grado de inadecuación a las circunstancias actuales. Esta inadecuación deliberada permite dar un paso al costado del vértigo de lo nuevo e introducir una anacronía” que realiza mediante la cita y reactualización de estilos e imágenes del pasado.

 

Daniel García hace alusión a la tradición, a  la historia de la pintura y a la historia de la cultura, en el sentido más amplio posible de esta palabra. No hay nostalgia en esta recuperación del pasado: “sino un intento de atisbar lo que desde atrás viene a nuestro encuentro para luego sobrepasarnos y sumergirse en ese futuro aún difuso e indiferenciado. Doble mirada, doble relación con el tiempo, constitutiva de la pintura, a la que considero un presente– en sus diferentes significaciones- del pasado destinado al futuro.”

 

La incorporación explícita de esa producción marginal significa la definición de su “identidad pictórica” construida a partir del  espíritu lúdico que fue abriendo paso y consolidando a través de momentos  trágicos, despojados o  minimalistas. El tiempo trajo también unas siglas, a modo de marca comercial, parodiando con ellas su propia autoría.  Tensión, ambigüedad y contradicción. Cuestionamiento de la autoría de esta identidad construida en el tiempo por desplazamientos, aceptación  e  inclusión de aquello que quedó latente esperando que algún movimiento lo eleve a la superficie.

 

Aún con los mínimos elementos García se reconoce, sabemos que aquello fue parte de  su juego y su traducción. De eso se trata una obra en el tiempo, de lograr un lenguaje propio que permita describir el mundo a partir de lo que hemos podido descifrar de lo que él mismo ha ido trayendo a las orillas del rescate.

 

mac Salta- mayo 2012