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Geometría, abstracción y movimiento- Rojo- dic. 2014

30 x 19,6 cm (5) 30 x 19,6 cm (6) 30 x 19,6 cm (7) 30 x 19,6 cm (8) 30 x 19,6 cm (9) 30 x 19,6 cm

obras de Mariano Barrera

Toda representación es una construcción de nuestros pensamientos, somos un filtro por donde la objetividad debe atravesar inevitablemente para generar un relato sobre el mundo y nuestra manera de mirar. La objetividad es un consenso, una puesta de acuerdo respecto de cierta representación de las cosas.  El arte es una manera de aproximarnos a la realidad y su práctica una configuración que determina la relación del artista con el mundo y del espectador con la obra.
El arte geométrico, abstracto y cinético han sido parte de una serie de movimientos relacionados con las vanguardias europeas de posguerra; el contexto internacional tras la segunda guerra mundial cuestiona la subjetividad y al simbolismo proponiendo una práctica  ligada a la investigación y al desarrollo industrial que descubría un mundo de velocidades inexploradas.
 El desarrollo industrial impuso nuevas herramientas  y nuevos materiales, inexistentes hasta entonces. Los artistas se manifestaron explícitamente respecto a su posición frente al progreso y su rechazo inminente de la idea “creativa”. El arte es inventivo y exploratorio, sus prácticas derivan de la aceptación de que su realidad está en los puntos, las líneas, los planos, los colores y la construcción de obras con mecanismos ópticos, que investigan las percepciones del espectador desde un lugar totalmente nuevo.
 En 1944 se iniciaba en Argentina la manifestación de un arte abstracto de corte geométrico, liderado por un grupo de artistas que destacaban la necesidad de una propuesta estética, ética e ideológica que acercara la práctica artística al pensamiento científico, lógico y analítico exento de cualidades intuitivas o irracionales. Rompiendo con lo figurativo y exaltando el racionalismo, guiados por un ideal de Modernidad donde  el arte era parte de la vida cotidiana: sin ficciones ni estrategias de representación.  Este arte se oponía al expresionismo, a la representación y al simbolismo. La palabra “invención” se vuelve clave, pues marca la distancia de la idea romántica de creación y sus connotaciones de subjetividad, el  espíritu racionalista del hombre moderno necesitaba  un artista que no impusiera su impronta personal, ni buscara representar la realidad desde sus propias categorías simbólicas. La realidad es lo concreto y en el arte  la realidad es el plano,  las formas, los ritmos.
Estas ideas se manifestaron en la revista Arturo, principal órgano de expresión teórica del movimiento, cuyos integrantes fueron Tomás Maldonado, Arden Quin, Rhod Rothfuss, Gyula Kosice, Edgar Bayley, entre otros. Arturo en su primer y único número reunió a una diversidad de artistas plásticos, intelectuales y poetas que coincidían en la misma línea de pensamiento.
La violenta ruptura con todo lo anterior, característica esencial de las vanguardias prolongaba una larga tradición argentina que  hacía eco del arte europeo a través de la formación de los artistas y de la lectura de la historia del arte occidental; que lejísimos estaba de las problemáticas latinoamericanas.
Este mismo espíritu beligerante de la vanguardia  llevó a los artistas a ir tomando posiciones individuales cada vez más radicales, algunos deseaban inventar una estética más rigurosa y purista, otros optaban por un arte más abstracto.  Arte Concreto Invención se redujo a las manifestaciones plásticas visuales, mientras que el grupo Madí –una de las escisiones nacidas del grupo original-  extendió su campo de acción a la música, la danza, la literatura, la arquitectura, la pintura y la escultura, exaltando las trasformaciones y los movimientos.
La eliminación del formato marco era parte de esta deconstrucción de un relato  que separando el entorno con este rectángulo claramente definía la historia posible  fuera de la realidad. Esta visión otorga una nueva perspectiva al espectador que  accede a un grado de conocimiento de rigor compositivo, basado en el concepto constructivo de la imagen,  la  recomposición fragmentada y dinámica, los estímulos perceptivos que la ciencia ayudó a crear desde formas hasta entonces inexploradas.
Es por lo menos llamativo como el arte actual hace eco aún hoy de las vanguardias, lo evidenciamos en la práctica de jóvenes artistas que investigan la geometría, el movimiento y su instalación en el espacio como forma concreta.
La obra de Agustina Rodríguez Suhurt explora los límites del espacio extendiendo las formas y los colores sobre las superficies externas a la obra en sí misma, como objeto concreto que  propone superar sus propias limitaciones espaciales. La obra de Guillermo Córdoba va más allá de la ruptura del marco y nos da vuelta el bastidor, lo pinta como objeto en sí mismo, con planos de colores en sus bordes, para luego desarmarlo y montar el reverso  develando el esqueleto de la pintura, su  invención del lenguaje pictórico, su estructura material. Ángel Pacheco con su  pieza nº2  (aproximación a una pintura instalada) sale del bastidor tradicional, donde la pintura abstracta por sí misma podría completar la obra pero no…fuera del plano se instala el color; un objeto que descentra el interés de la composición ocupando el espacio como límite concreto que finalmente deriva en la abstracción del concepto como materia.
La instalación como concepto deviene de alguna forma de esta necesidad de salirse del marco y ocupar el espacio como materia, Lorena Arce instala en La Lucera (espacio de vidrio que conecta los 2 pisos de la Galería) una serie de cortes en papel, con formas filosas y en caída desde el cielo que comunican el espacio; integrándolo desde su intervención que durante la noche, sólo para los espíritus noctámbulos, se transforma mediante efectos de lumínicos que transforman el espacio transparente, pulmón de luz y oscuridad.
La abstracción de Agustina Pesci,  bordando servilletas con cabello humano, nos enfrenta al gesto de la costura, a la mano atravesando el pelo por el blanco del papel, a la aguja y al hilo. Mecanismo iniciático de la identidad, ofrenda de nuestro bien más estable en el tiempo, el que morirá mucho después que nosotros: nuestro pelo.  Julieta Marasas sigue la línea de la mancha para generar las formas; las líneas se dibujan  por el movimiento de la pintura sobre el plano y desde allí todo cobra estructura. La geometría surge de la abstracción. Julio Gambero propone un gesto lineal, pintura, pespunte, síntesis de la forma que se construye en la mirada.
Federico González desde una estética que claramente nos remite a la grafica industrial de la  posguerra, del desarrollo de la imprenta en su máxima potencia, del consumo de diarios y revistas, discos, libros: la industria cultural tiene sus códigos. Este artista cruza los límites proponiendo obras que surgen del diseño y viceversa. Santiago Chipont repite fragmentos del registro fotográfico de espacios arquitectónicos construyendo estructuras imposibles, laberintos cerrados en sí mismos,  formas cerradas sobre su propia línea.
Karina Seco juega con nuestra percepción a través de la superposición de materiales traslucidos, formas geométricas y dinámicas logradas por el uso e investigación de paletas estridentes de colores planos y puros que interactúan vibrando en nuestras pupilas.  Los calados geométricos también se instalan desde su obra incorporando el vacío como materia.
 Eric Von Eberan lo dice claramente: “Desde la paleta y los planos que se repiten a lo largo de las obras hasta las “elaboraciones de tipo literario” en donde de alguna manera podrían convivir preguntas relacionadas (…) a la “memoria acumulada”. (Mis obras son) Ejercicios de visión sobre la imagen; su  ruptura y reconstrucción bajo una nueva mirada de los espacios vacíos, puntos negros o signos de pregunta  inmersos en la pintura misma…”
 Rojo se propuso pensar desde el espacio estas prácticas que permanecen vigentes en la actualidad de los artistas locales, muchos de ellos emergentes. Han pasado 74 años desde los inicios del arte concreto, buen momento para mirar de frente y volver a definirlo desde la producción joven cordobesa. Excelente  instancia para pensar que es el arte contemporáneo y cuáles son las superestructuras  que lo conforman históricamente.
Mariano Barrerra
bisel
El corte preciso, la repetición del mismo una determinada cantidad de veces para ambos lados y luego la estructura y el cuadrado que se repite y se corta. Y todo esto otra vez,  una exacta cantidad de veces.
Materiales austeros si los hay: una trincheta y un buen cartón; a veces blanco, a veces gris: con esto Barrera hace su obra, es el gesto del corte sobre el papel, el pulso firme, el previo diseño de la estructura que se va construyendo de la tarea del bisturí que va haciendo visibles las construcciones, las vueltas, los giros.
Estructuras que en escala nos doblegarían por su perfección imposible.
Aquí no hay nada librado al azar, el arte es oficio y disciplina y repetición de sus propios códigos internos: la línea sobre el plano, la geometría y su dimensión en el espacio; las leyes de gravedad y la posición del tiempo. El equilibrio de las fuerzas, la disciplina y el silencio.
No hay color, solo cortes sobre el material.
Hay en Mariano una clara coherencia entre su obra y su trabajo dentro del mundo del arte, creo que hay ciertos caracteres que pueden realizar algunas tareas vedadas al resto. Este carácter esta regido por la disciplina, la pulcritud, lo exploratorio y lo concreto; su obra refleja este interés en el arte per se que se somete al más cínico juicio: el de la destreza de la técnica.
Develarse con tan pocos elementos es sincerarse de una vez por todas, no hay interpretaciones, representaciones, ni simbolismos. El campo se demarca claramente, estamos dentro del lenguaje del arte y esto implica que la realidad se limita a sus problemas: materiales, práctica, hábito. Hay cierto espíritu meditativo en este método.